viernes, 5 de febrero de 2010

Errores Comunes de Educación

Errores que no se deben cometer
I.- El Juego

El juego es la forma en que los cachorros aprenden a relacionarse con el grupo, incluyendo los aspectos cinegéticos (la cacería).

Al encarar la relación, el juego determina quién tiene un rango superior, quién es líder y quién organiza la manada.
Pensemos cómo se desarrollan los juegos y la enseñanza en un grupo de lobos.

Cuándo el cachorro ha superado su primera etapa infantil, aproximadamente a los 3 meses de edad, debe iniciarse en las técnicas de caza y los roles sociales del grupo. Ambos aspectos están estrechamente relacionados, ya que el lobo es un cazador cooperativo, con una organización social que se manifiesta claramente durante la caza.

El primer paso en la introducción al arte de cazar se da cazando a un adulto. Un lobo adulto, generalmente el lobo alfa o líder, adopta el papel de víctima y los cachorros lo acosan y persiguen. Paulatinamente el líder agrega dificultades a la “clase”, tomando mayor distancia, escondiéndose, buscando terrenos más complicados.

El próximo paso es la utilización de un “reclamo de caza”. Los adultos han guardado a tal efecto un animal muerto, por ejemplo un conejo, y corren delante de los cachorros haciendo que éstos intenten atrapar la presa que ellos portan.

¿Cuál es el reclamo de caza en nuestros juegos con un cachorro?, si prestamos atención una pelota o un palo arrojado es “cazado” por nuestro perro... sí, al jugar con un objeto estamos haciendo que nuestro perro cace su juguete. Todo juego con objetos es un ritual de cacería en la mente de nuestra mascota.

He aquí la respuesta a muchos de los comportamientos indeseados de nuestros perros. ¿por qué algunos perros huyen de sus propietarios? , prescindiendo de aquellos casos en que nos encontremos a propietarios brutales que imprimen el temor de sus mascotas, muchas veces se trata de una conducta originada en una iniciación errónea a los juegos.

Es muy común que un amo juegue persiguiendo a su perro y es muy común que su perro adopte entonces el papel de líder en el juego, ya sea poniéndose él mismo en papel de presa o llevando un reclamo en la boca.

Lo correcto es SIEMPRE jugar con el cachorro siendo nosotros las presas. El cachorro debe invariablemente perseguir al amo. De esta manera en su mente será el amo el líder y él el alumno.

Puedes jugar con un reclamo de caza, sea un trapo, una pelota, un palo, o lo que sea, pero siempre debe ser el cachorro quién te persiga.

Si usas esté método de juegos, difícilmente tu perro tome el vicio de escapar.

II.- Sanitarios

Imaginemos que concurres a un sanitario para realizar tus necesidades fisiológicas, en un país en el cual se habla un idioma que no es el tuyo. Aparece una persona y comienza a increparte con un tono ofuscado algo que no puedes comprender ya que, como dijimos, esta persona habla en otro idioma.

Inmediatamente interrumpes lo que estabas haciendo y abandonas el sanitario.

La pregunta es ¿Qué es lo que quiso decir esa persona? La respuesta que vas a encontrar inmediatamente es que esta persona te regaño por haber realizado tus necesidades fisiológicas. No vas a interpretar que el problema era que no podías usar ese sanitario, vas a focalizar la prohibición en el acto fisiológico en sí.

¿Qué es lo que harás de aquí en más? Lo primero que harás será evitar tus necesidades fisiológicas. Soportarás el mayor tiempo posible las mismas. Pero cuando ya no puedas soportarlo más, tratarás de hacerlas en un momento en que esta persona no te vea, ya sea en su ausencia o a escondidas, sea en el mismo sanitario o en cualquier otro lado, en cualquier rincón donde encuentres un escondite.

Vamos ahora a ubicarnos en el pensamiento de tu perro. Supongamos que tu perro orina la alfombra. Lo descubres en este acto y lo regañas fuertemente por haber orinado la alfombra, recordemos que le estás hablando en un idioma que el no entiende, sólo comprende tus gestos corporales y faciales de agresividad. Lo que tu perro interpretará no es que lo prohibido es orinar la alfombra, sino que lo prohibido es el acto de orinar en sí. Como respuesta a esto de aquí en más tu perro evitará orinar. Lo hará todo el tiempo que le sea posible. Pero cuando ya no soporte más orinará a escondidas, ya sea en un rincón, en otra habitación, o aprovechando tu ausencia, e incluso podrá hacerlo sobre la misma alfombra a condición de que no estés presente.

El problema que tenemos ahora es que tu perro tratará siempre de orinar fuera de tu presencia, esto te priva de la posibilidad de corregirlo en el futuro, con lo cual, lejos de haber corregido el inconveniente inicial, hemos agravado la situación. Ya que mientras cachorro realice sus actividades sanitarias fuera de tu presencia, no estarás en condiciones de enseñarle cual es el lugar correcto para hacerlo.

Esto es lo que se hace generalmente con los perros. Se lo confunde de tal manera que el cachorro termina haciendo sus necesidades fisiológicas siempre que fuera de la vista del amo.
La interpretación que el dueño hace de todo esto, es que el cachorro sabe que no debe orinar la alfombra, y por lo tanto siempre lo hace a escondidas, como si lo hiciera con culpas.

Como nosotros pusimos un ejemplo, de qué es lo que interpretaríamos nosotros si estuviéramos en lugar del perro, cuando hablamos de concurrir a un sanitario en el cual nos regañan en otro idioma, ahora sabemos que es lo que está pasando por la cabeza del perro.

La idea es que jamás se debe regañar a un perro por orinar, y no importa el lugar donde no haga, porque el perro interpretará que el regaño se debe al acto en sí de orinar, y no al lugar en el cual lo está haciendo. De la misma manera que nos habría ocurrido a nosotros en aquel sanitario de ese remoto país en donde se habla una lengua distinta a la nuestra, la cual no comprendemos en absoluto.

Lo que se debe hacer es trasladar con total amabilidad al cachorro al lugar en el cual sí puede orinar. Pero siempre con amabilidad y sumo cuidado. Debemos aprender a manejarnos con el lenguaje canino, aplicar las técnicas adecuadas, que requieren paciencia, pero que son las que nos harán llegar más rápidamente a nuestro objetivo. Si no actuamos de esta manera el cachorro de aquí en más realizará todas sus necesidades fuera de nuestra presencia y será muy difícil poder corregirlo.

El cachorro orina porque es una necesidad fisiológica. Regañarlo cuando está orinando es regañarlo por el acto de orinar en sí. El cachorro no interpretará que el regaño es por el lugar donde orina, sino por el hecho de estar orinando. Interpretará que está prohibido orinar, y como no puede sobrevivir si no orina lo hará a escondidas.
Nunca jamás se debe regañar al cachorro cuando está orinando, porque de hacerlo así el problema se prolongarán por mucho más tiempo del que debiera.

III.- Llamadas

Es bastante común que el perro se escapa cuando lo llaman y cuanto más los llaman más se escapa. El perro sabe que está actuando mal, ya que está como asustado, como si sintiera culpa por lo que está haciendo. Luego el perro huye, cruza a la calle, se refugia en su casa, como si supiera que lo que hizo estaba mal hecho.

Esto es lo que piensa mucha gente. Ahora vamos a analizar qué es lo que ocurre en la mente del perro.

Supongamos que yo al perro quiero enseñarle a “no venir”. Lo primero que debo hacer es decirle al cachorro "no vengas" y cuando el perro venga lo regaño.

De esta forma el perro asocia que la expresión "no vengas" significa que no debe acercarse a mí, puesto que luego de esa expresión su acercamiento desembocó en la experiencia negativa de mi regaño o castigo.

Ese mismo método es el que aplican muchos propietarios de perros para enseñarle a venir cuando lo llaman. La diferencia está en que en lugar de decir "no vengas" le dicen "ven aquí".

Si yo llamo al perro diciéndole "ven aquí " y cuando acude ante mí lo regaño por demorarse, el perro no va a asociar esa experiencia negativa con el hecho de haberse demorado en venir, sino con el hecho en sí de haber acudido a mi lado. El mecanismo es simple: digo " ven aquí ", el cachorro se acerca, y como resultado lo regaño.

La asociación simple que hace su cerebro es que “ven aquí” significa que no debía acercarse mí.

Este es uno de los principales errores que son muy difíciles de corregir en el futuro. Porque el perro acaba de aprender algo, ha aprendido que "ven aquí" significa que no debe acercarse. Esto es lo que ha aprendido con el método de enseñanza que empleó el amo. De aquí en más ya no hay que enseñarle algo, sino revertir lo que ha aprendido por habérselo enseñado mal, por haber empleado un método inadecuado.

Es muy distinto enseñarle un perro que no sabe nada a tener que corregir y reeducar lo que ha aprendido de forma errónea.

Debemos ponernos en el lugar del perro. El perro ante la llamada cruza la calle, se esconde la casa, actúa como si sintiera culpas por haber hecho algo mal. El perro hace esto porque no comprende cuál es el motivo por el cual el dueño sigue disgustado, ya que ha obedecido, ha obedecido a lo que él ha aprendido de acuerdo con un método erróneo.

El cachorro está convencido de que la orden significaba que tenía que alejarse y no comprende cuál es el motivo por el cual el dueño sigue disgustado.

Si yo deseo que el cachorro acuda ante mí cuando lo llamo, debo asegurarme de que asocie el acto de acudir cerca mío con una sensación de placer, de bienestar. Debe relacionar el acto de acudir ante mí con una felicitación, con una aprobación. Y si el perro se demoró mucho para llegar yo no tengo que regañarlo por haberse demorado, porque se requeriría de toda una explicación de tiempos que está más allá de la comprensión del perro. Yo debería poder explicarle al cachorro que lo estoy regañando, no por haber acudido, sino por haber tardado en acudir, algo que es absolutamente incomprensible para la mente canina.

Otro error es estar enojado cuando lo estoy llamando. Con la idea de tratar de expresar una actitud de autoridad, muchos propietarios llaman a su cachorro demostrando severidad. Y si el perro demora un poco en acudir esta severidad se transforma en disgusto, en enojo. Entonces le estamos dando un mensaje inequívoco de agresión, porque todos mis gestos corporales le están indicando que estoy a punto de agredirlo, mi postura denota ese estado de disgusto amenazante, con lo cual no estoy invitándolo a acercarse, por el contrario, estoy diciéndole claramente que la frase "ven aquí" significa que no debe acercarse bajo ningún punto de vista. Si a todo esto le sumamos que cuando efectivamente el cachorro que se acerca se lo regaña o castiga, acabo de cometer el peor error en la educación del mismo, error que será muy difícil de corregir en el futuro.

De aquí en más corregir esta situación demandará mucho esfuerzo, tiempo y si pienso que contratar a un adiestrador profesional demandará mucho dinero. Todo esto por algo que de haber hecho las cosas bien desde un principio había sido muy fácil de evitar.

No se trata de que el cachorro cuando huye y se esconde en el hogar lo haga porque siente culpas por haber hecho algo malo, los que deberíamos sentir culpas somos nosotros por haber empleado un método de educación ABSOLUTAMENTE IRRACIONAL. Lo hemos confundido de una manera grotesca.

Lo que debemos hacer es aprender a manejarnos con el lenguaje canino, aprender a comunicarnos con el cachorro, a dar mensajes claros, inequívocos, lógicos y simples para una mente canina que tiene mecanismos también simples.

Aprender a comunicarnos de manera efectiva, ya que de otra forma estoy tratando de hacerle entender las cosas mediante un discurso largo, ético, complejamente verbal, que está absolutamente fuera del alcance del entendimiento canino.

Lo que quiero decirte en resumen con todo esto es que no cometas nunca este error, cuando llames al perro debes estar en una posición de absoluta amabilidad, debes estar invitándolo a acercarse, ya que esa es tu intención, entonces todo tu cuerpo y tus gestos deben dar un mensaje de amabilidad.

Estamos aquí hablando de un cachorro que no se acerca por temor, que aún no ha aprendido nada, es algo absolutamente distinto a cuando notamos que el cachorro no se acerca porque se distrae, o porque sencillamente tiene un temperamento dominante e independiente. En este caso debemos aprender a leer cuales son las causas de su comportamiento para actuar en consecuencia con los métodos adecuados.

IV.- Cuándo comenzar el adiestramiento .

Antiguamente, la tendencia era adiestrar los perros en edad juvenil, es decir entre los siete u ocho meses. Es así que todavía se sigue creyendo que antes de esa edad el cachorro no debe ser educado.

Es muy común escuchar decir a los propietarios de un cachorro "ahora lo dejo que haga lo que quiera, cuando llegue la edad de adiestrarlo se transformará en un perro educado..."

Seguir pensando de esta manera sería como si pretendiéramos no educar a nuestros hijos hasta que llegaran a la adolescencia, dejándolos actuar a su antojo y pretendiendo que toda su educación comience en la universidad.

Los animales gregarios, y los perros lo son, comienza su educación a muy temprana edad en su estado natural. Por supuesto que no se va a enseñar a saltar entre un aro de fuego a un cachorro de tres meses de edad, pero las pautas de conducta, la jerarquización, las normas básicas de organización en grupo, les son impuestas mediante juegos y mediante límites en sus primeras incursiones al corazón de la manada.

Se quiera o no, el cachorro está aprendiendo aún cuando no le estamos impartiendo una educación programada. Vamos a poner un ejemplo:

Uno de los gestos caninos de invitación al juego es el manotazo. Se trata de un gesto similar al zarpazo felino, sólo que en el caso de los caninos, cuyas manos no poseen garras, este es un gesto de amistad, de incitación a la acción corporal lúdica.

Entre los primates, incluido el hombre, el manotazo es un gesto de agresión.

Cuando un cachorro salta sobre su amo, lo hace en principio buscando su rostro con la intención de pedir comida. Esto es así debido a que los adultos transportan el alimento para los cachorros en sus estómagos, el que luego regurgitan cuando los cachorros lamer sus fauces. Entonces cuando el cachorro se abalanza sobre el amo lo hace con la intención de lamer su rostro repitiendo esa conducta estereotipada infantil de requerir a alimentos a un adulto.

La persona reacciona tratando de apartarlo con sus manos, lo empuja, lo manotea, en un gesto primate de agresión, pero para el lenguaje canino el manotazo es una invitación al juego, con lo cual lejos de abandonar su actitud el cachorro es incitado a continuar saltando sobre el propietario.

Esto que acabamos de mencionar no es ni más ni menos que un acto de educación. El amo le está enseñando al cachorro a que se abalancé sobre el cada vez que se presente. Lo cual no resulta nada cómodo ni divertido cuando se está cambiado de ropa para ir a una fiesta.

El veredicto de una mente ignorante sería: “Este cachorro de grande será agresivo dado que siempre está buscando morder mi rostro”.

Como podemos observar es imposible que el cachorro no aprenda cosas ya que se encuentra en una edad para aprender.

Pero si no le damos una educación debidamente programada, lo que aprenderá serán solamente vicios. Llegada la edad de en que supuestamente debería ingresárselo a un programa de adiestramiento convencional, que según esta antigua teoría será a los siete u ocho meses de vida, el cachorro habrá aprendido tantos malos hábitos que casi el 100% del esfuerzo en su adiestramiento serán consumidos sólo para corregir lo que se haya mal enseñado durante la infancia.

Es más fácil educar que corregir.

Lo que se ha aprendido en la primera infancia quedará tan firmemente grabado que su corrección nunca será 100% satisfactoria.

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